No somos padres deficientes… sino confundidos

 

Los padres queremos ver a los hijos triunfar, vencer, gozar y superarse. Queremos que les vaya bien en sus estudios, en el trabajo, en las relaciones, en el amor y en la vida. Nuestro gran anhelo es que triunfen y que sean personas muy felices. Sin embargo, a pesar de los grandes esfuerzos que hacemos la mayoría de los padres para proporcionarles a los hijos todas las oportunidades posibles para que triunfen en su vida, los resultados que estamos viendo no suelen ser lo que esperamos. Cada vez parece ser que hay más niños y jóvenes que, a pesar de que “lo tienen todo”, viven inconformes y aburridos, agradecen poco y exigen mucho, se dan por vencidos ante cualquier tropiezo o dificultad, no asumen sus deberes o responsabilidades y sus sueños no van más allá de “pasarla bien”, entendiendo por tal parrandear a como dé lugar.

Por fortuna no todos son así, ya que también hay muchos jóvenes que son entusiastas, dedicados y altruistas, gracias a que no solo tienen grandes ideales, sino que luchan por alcanzarlos… pero no son la mayoría.

La responsabilidad por lo que estamos viviendo no es solo producto de las equivocaciones de los padres, como suele afirmarse. Es ante todo el resultado de la confusión a que han dado lugar los cambios tan grandes y profundos que hemos experimentado en los últimos tiempos. Gracias a los avances en la informática y a la sofisticación tecnológica de los medios de comunicación, los mensajes de la cultura consumista llegan hoy a todos los rincones del mundo, incluyendo los espacios más íntimos de nuestros hogares y lo más profundo de nuestras mentes, todo lo cual ha ido cambiando nuestra forma de ver, de pensar y de vivir. Esto ha contribuido a que los padres vivamos tan confundidos que nos equivoquemos más y se nos acuse más, lo que aumenta nuestra culpabilidad y nuestra falta de cordura.

En este estado de cosas, a menudo actuamos motivados ante todo por nuestros temores, más que por nuestros instintos paternos y “sentido común” con que nos ilumina el amor por los hijos. Es así como podemos anteponer sus necesidades y no sus caprichos, para guiarlos hacia lo que más los beneficia, además de alimentar en ellos las cualidades y virtudes que les ayudarán a forjarse una existencia plena y una vida profundamente satisfactoria.

Tomado de: Periodico el Colombiano